La reforma electoral que urge

Ninguna reforma es hoy tan urgente como la reforma electoral sobre la manera en que elegimos los diputados. Decimos mal: no los elegimos, avalamos una lista cerrada cuyos nombres poco o nada dicen al votante. La lista cerrada es perversa: hay que desterrarla. A nadie le gusta: nadie se siente representado por los diputados que surgen de las listas cerradas.
Demandamos poder elegir a los diputados y conseguir que nos representen los mejores hombres y mujeres en la Asamblea Legislativa.
Un sistema electoral debe reunir dos premisas: debe ser representativo y debe ser razonablemente proporcional. Representativo quiere decir que el Diputado represente a los electores de su circunscripción: que sea cercano a ellos, que entienda sus problemas, que sea capaz de articular propuestas para resolverlos. Quiere decir también que los electores puedan decidir por mayoría, con base en nombre, trayectoria, cualidades personales, profesionales o de otra índole, quién los represente. Proporcional quiere decir que la cantidad de votos que un Partido necesitó para elegir un diputado sea aproximadamente igual a los que necesitó otro Partido contendor.
Desafortunadamente, en la mayoría de los países, una premisa juega contra la otra: los sistemas en los cuales cada circunscripción o distrito electoral elige un representante (sistemas de mayoría o plurales) favorecen la Representatividad, pero lo hacen a costa de la Proporcionalidad, y las minorías, aun las grandes, no alcanzan a elegir representantes al Parlamento, mucho menos las pequeñas. Los sistemas que proponen listas cerradas son razonablemente proporcionales – como el nuestro – pero lo hacen a costa de la representatividad: el Diputado es una figura lejana, que fue elegido porque su nombre estaba en un lugar “seguro” de la Lista, pero que pocos conocen.
El Proyecto de Ley avalado recientemente por la Presidenta a través del paquete de propuestas enviado a la Asamblea legislativa, es una iniciativa bien intencionada, pero poco feliz. Propone crear un sistema mixto de votación conservando los 57 diputados (42 electos por distrito electoral y 15 por lista nacional). Con ese esquema, los 42 distritos electorales serían ganados casi todos por el partido más votado. Así se comportan los sistemas de mayoría o plurales. Están destinados a sistemas políticos bipartidistas, que se autopreservan y rehúsan todo cambio. Los 15 diputados nacionales, elegidos como si todo el país fuera un solo distrito electoral, son muy pocos para restablecer, ni remotamente, la proporcionalidad. Por otro lado, el breve capítulo que el Informe de los Notables dedica al tema, si bien es más acertado, lamentablemente no profundiza y tampoco fue unánime.
Poder Ciudadano ¡Ya!, que es una iniciativa civil sin ningún interés ni color partidarios, ha dedicado un año al estudio de este tema. Conocemos a fondo la citada propuesta del Ejecutivo, y nos agrada el principio del sistema electoral mixto que propone, pero no ofrece Proporcionalidad. Cuando lo sometimos a un riguroro ejercicio de simulaciones electorales, se desnudaron sus carencias. Para ello tomamos los datos de las elecciones 2010, dividimos el número de electores inscritos entre 42 para determinar el tamaño de los distritos electorales, tolerando desviaciones de 30% arriba y abajo de tal cifra, conformando así distritos que respetan los linderos provinciales. Con base en dicha distribución simulamos las elecciones de 2010, 2006 y 2002, con los siguientes resultados:
En 2010 el partido más votado habría acaparado todos los 42 distritos, y 48 de los 57 diputados totales; su representación en la Asamblea habría saltado del 37% que logró realmente, a un 84%. En 2006 el partido más votado habría acaparado 41 de los 42 distritos y 48 de los 57 diputados, y su representación total habría saltado del 36% que alcanzó, a un 84%. En 2002, el partido más votado habría ganado 19 de los 42 distritos y 24 de los 57 diputados, y su representación en la Asamblea habría saltado del 30% de la votación que logró, a un 42%.
En otras palabras, aún en el 2002, última elección bajo un sistema dominado por el bipartidismo, el modelo propuesto por el proyecto citado, genera resultados muy alejados de la Proporcionalidad. Es una lástima que se desaproveche la coyuntura de cambio que la misma Presidenta propició, con una propuesta tímida que más bien resulta contraproducente, lo que hace muy difícil que sea aprobada.
Después de haber estudiado diversos sistemas electorales, sus pros y sus contras y valorado su aplicabilidad en el país, Poder Ciudadano ¡Ya! ha concluido que el Sistema Mixto Proporcional (SMP), semejante al que se usa en Alemania, conjuga los valores de Representación y de Proporción de manera aceptable. Sin embargo, no hay forma de que este sistema dé los resultados deseados si se conserva el número de diputados en 57. El prejuicio al aumento de congresistas no debe ser obstáculo para acoger una propuesta que se ha construido con la debida seriedad y profundidad, y que bien complementada con otras reformas, sin duda traería muchos beneficios a nuestro sistema democrático. Es esa nuestra modesta contribución a un debate que no puede ser pospuesto más en Costa Rica.

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